Ciudad de cristal by Cassandra Clare

Ciudad de cristal by Cassandra Clare

Author:Cassandra Clare
Language: eng
Format: mobi
Published: 2010-01-01T05:00:00+00:00


13

DONDE HAY PESAR

Clary despertó dando boqueadas de un sueño de ángeles que sangraban con las sábanas enroscadas a su alrededor en una tirante espiral. La habitación de invitados de Amatis estaba totalmente a oscuras y resultaba muy bochornosa, igual que estar encerrado en un ataúd. Alargó el brazo y descorrió de un tirón las cortinas. La luz del día entró a borbotones. Frunció el ceño y volvió a cerrarlas.

Los cazadores de sombras quemaban a sus muertos, y, desde el ataque de los demonios, el cielo al oeste de la ciudad había estado teñido de humo. Contemplarlo a través de la ventana hizo que Clary se sintiese mareada, así que mantuvo las cortinas cerradas. En la oscuridad de la habitación cerró los ojos, intentando recordar su sueño. Había habido ángeles en él, y la imagen de la runa que Ithuriel le había mostrado centelleaba uno y otra vez contra la pared interior de sus párpados como la intermitente señal de un semáforo indicando que se podía cruzar. Era una runa sencilla, tan sencilla como un nudo, pero por mucho que se concentraba, no conseguía leerla, no lograba averiguar qué significaba. Todo lo que sabía era que le resultaba de algún modo incompleta, como si quienquiera que hubiese creado el dibujo no lo hubiese terminado del todo.

«Éstos no son los primeros sueños que te he mostrado», había dicho Ithuriel. Pensó en sus otros sueños: Simon con cruces marcadas a fuego en las manos, Jace con alas, lagos de hielo resquebrajándose que brillaban como el cristal de un espejo. ¿Se los había enviado también el ángel?

Se incorporó con un suspiro. Los sueños podían ser malos, pero las imágenes que desfilaban por su cerebro una vez despierta no eran mucho mejores. Isabelle, llorando en el suelo del Salón de los Acuerdos, tirando con tal fuerza del negro pelo entrelazado en sus dedos que a Clary le preocupó que pudiera arrancarlo. Maryse chillándole a Jia Penhallow que el chico que había acogido en su casa, su sobrino, era el causante de aquello, y que si él estaba tan íntimamente aliado con Valentine, ¿qué decía eso de ellos? Alec intentando tranquilizar a su madre, pidiéndole a Jace que lo ayudara, pero Jace se había limitado a permanecer allí quieto mientras el sol se alzaba sobre Alacante y resplandecía a través del techo del Salón.

—Ha amanecido —había dicho Luke, con su aspecto más cansado del que Clary le había visto nunca—. Es hora de traer aquí los cuerpos.

Y había enviado al exterior patrullas para que recogieran a los cazadores de sombras y a los licántropos muertos que yacían en las calles y los llevaran a la plaza situada fuera del Salón, la plaza que Clary había cruzado con Sebastian cuando había comentado que el Salón parecía una iglesia. Le había parecido entonces un lugar bonito, bordeado con jardineras y tiendas pintadas de brillantes colores. Y ahora estaba lleno de cadáveres.

Incluido Max. Pensar en el niño que con tanta seriedad había hablado con ella sobre manga le provocó un nudo en el estómago.



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